Nuestro compañero Carlos se vio obligado a abandonar la Odisea en el kilómetro 309, después de 86 horas de carrera y con 28.000 metros de desnivel positivo acumulados.
Unas ampollas sanguinolentas en los pies hicieron imposible continuar y pusieron punto final a una aventura llevada al límite de sus fuerzas.
Pero la aventura de nuestros dos compañeros en los Alpes ha terminado de la misma manera.
Rubén «Solo Piedra» también se ha visto obligado a retirarse de la Legend debido a problemas estomacales.
Rubén ha conseguido recorrer 202 kilómetros, después de 70 horas y 25 minutos efectivos de carrera, llegando hasta el refugio de Chemeuille, situado a 2.200 metros de altitud, y acumulando cerca de 14.000 metros de desnivel positivo.
Unos números que hablan por sí solos de la enorme dureza del desafío.
Dos retos, dos abandonos y mucho orgullo
Carlos y Rubén no conseguirán esta vez alcanzar la meta, pero eso no puede borrar todo lo que han conseguido.
Carlos llevó su cuerpo hasta el kilómetro 309 de una prueba de 643 kilómetros y 43.800 metros de desnivel positivo.
Rubén alcanzó los 202 kilómetros en la Legend, una prueba de 397 kilómetros y 27.530 metros de desnivel positivo.
Más de 500 kilómetros recorridos entre los dos en uno de los escenarios más duros que puede afrontar un deportista.
Por eso, desde La Bañeza solo podemos sentir orgullo.
Rubén corrió por Isma
En el caso de Rubén, además, cada uno de esos kilómetros tenía un significado especial.
No estaba corriendo únicamente por el reto deportivo. Estaba corriendo por su amigo Isma.
Rubén se comprometió a donar un euro por cada kilómetro recorrido para la iniciativa MUCHA FUERZA ISMA.
Así que esos 202 kilómetros no son solamente una cifra.
Son 202 kilómetros por un amigo.
202 kilómetros de esfuerzo, de sacrificio, de noches, de cansancio y de momentos en los que seguir adelante se convirtió en una auténtica batalla.
Y aunque finalmente los problemas estomacales le obligaron a parar, el objetivo solidario sigue más vivo que nunca.
Gracias, Carlos. Gracias, Rubén.
Carlos y Rubén, esta vez no pudo ser llegar a meta.
Pero llegar hasta donde habéis llegado tampoco está al alcance de cualquiera.
Habéis demostrado esfuerzo, sacrificio, compañerismo y, sobre todo, una capacidad enorme para luchar cuando el cuerpo empieza a decir basta.
Carlos, 309 kilómetros.
Rubén, 202 kilómetros.
Dos auténticas barbaridades.
Y en el caso de Rubén, además, 202 kilómetros que se convierten en ayuda para Isma.
Desde aquí, solamente podemos deciros una cosa:
GRACIAS.
Y Rubén, estamos convencidos y estamos seguros de que volverás a intentarlo, porque tú eres así. Cuando algo se te mete entre ceja y ceja, vuelves a por ello.
Ahora toca descansar, recuperarse y valorar todo lo que habéis conseguido.
La meta no siempre está al final del recorrido.
A veces está en haber sido capaces de llegar hasta donde el cuerpo y la cabeza os han permitido.
Muchísima fuerza, Carlos.
Muchísima fuerza, Rubén.
Y, sobre todo:
Cada kilómetro por Isma.
MUCHA FUERZA ISMA.












































